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Las características «argentinas» de una arritmia común después de los 60, que quintuplica el riesgo de ACV: en quiénes buscarla

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La detección temprana de la fibrilación auricular (FA) es crucial para reducir todas sus complicaciones asociadas, afirman cardiólogos argentinos que llevaron adelante el primer registro nacional destinado a conocer las características clínicas y el manejo local de los pacientes con esta arritmia muy común después de los 60 años.

Las complicaciones de las que hablan no son menores: la FA quintuplica el riesgo de ACV, triplica el de infarto, aumenta el de demencia, deterioro cognitivo y mortalidad.

En el marco del proyecto Argentina Sin Fibrilación Auricular (ASFA), miembros de la Federación Argentina de Cardiología (FAC) recopilaron información de más de 12 mil personas con fibrilación auricular atendidas en 23 provincias durante 2022. El primer análisis de esos datos fue publicado recientemente en Heart Rhythm O2, una de las dos revistas de la Sociedad del Ritmo Cardíaco (HRS, por sus siglas en inglés).

Luis Aguinaga, cardiólogo especialista en el estudio de las arritmias, ex presidente de la FAC, dirigió el registro y resumió en pocas líneas lo que para él son las principales conclusiones del artículo, que se enfocó en pacientes con diagnóstico reciente: que la fibrilación auricular se puede detectar con métodos sencillos, que en el país tenemos alta prevalencia de la enfermedad (muchos no están diagnosticados y entre quienes lo están, una buena proporción no está bien controlada) y que nos diferencia de otras poblaciones la alta asociación de esta arritmia con la enfermedad de Chagas y los trastornos tiroideos.

Fibrilación auricular en Argentina

La fibrilación auricular se produce cuando la aurícula izquierda, en lugar de contraerse rítmicamente y permitir así el paso normal de la sangre hacia el ventrículo, realiza un movimiento caótico que favorece la formación de coágulos. Y esos trombos o coágulos pueden provocar un ACV o un infarto, por ejemplo. Su prevalencia aumenta después de los 60 años.

Los participantes del ASFA tenían entre 65 y 81 años (el 60% varones). Además de fibrilación auricular, tres de cada cuatro vivían también con hipertensión, casi la mitad con dislipidemia (colesterol alto), y un cuarto con diabetes. Además, uno de cada tres fumaba y casi dos tercios llevaban un estilo de vida sedentario. Todos factores que agrandan el «combo» del riesgo cardiometabólico.

Se estima que en una de cada tres personas con FA el cuadro no produce síntomas. En el registro argentino, la proporción hallada fue mayor: más de la mitad (55,4%) no evidenciaba señales de que algo anduviera mal en su ritmo cardíaco. En los sintomáticos se suele manifestar con palpitaciones, falta de aire, pulsaciones o latidos fuertes, rápidos e irregulares en el pecho o en el cuello, disminución de la capacidad física (al subir escaleras o caminar rápido, por ejemplo) y, en algunos casos, mareos.

La arritmia puede ser persistente (prolongada en el tiempo) o paroxística (ocasional, es decir, que va y viene, por lo que es más difícil de detectar). En la muestra argentina la FA paroxística fue el patrón más común (75,7%).

Luego de ajustar por diferentes factores que pudieran generar confusión, los autores del artículo «Fibrilación auricular recién diagnosticada mediante métodos de detección no invasivos en la práctica clínica» concluyeron que el consumo de alcohol, la disfunción tiroidea, la enfermedad coronaria, el patrón paroxístico de la arritmia, la ausencia de síntomas previos, el alto riesgo de complicaciones tromboembólicas y hemorrágicas y la insuficiencia cardíaca fueron las características clínicas asociadas a estos pacientes.

«Los pacientes asintomáticos con alto riesgo de complicaciones tromboembólicas y hemorrágicas son la población objetivo a diagnosticar mediante herramientas de tamizaje en la práctica clínica argentina», subrayaron.

A raíz de eso, recomiendan la «evaluación rutinaria» del ritmo cardíaco durante el contacto con el personal sanitario para todos los mayores de 65 años y sostienen que se debe considerar el control con electrocardioagrama (ECG) en todos los mayores de 75 (o de 65 con factores de riesgo adicionales).

«Muchas personas viven con fibrilación auricular y no lo saben»

En diálogo con Clarín, Aguinaga, presidente de la Sociedad de Cardiología de Tucumán y director de relaciones internacionales de la Sociedad Latinoamericana del Ritmo Cardíaco, manifiesta una ambivalencia. Por un lado, se enorgullece de haber contribuido a generar con cientos de colegas de todo el país información representativa de nuestra población. Pero esa información exhibe una realidad preocupante.

«Nos muestra que muchas personas en nuestro país viven con fibrilación auricular y no conocen que tienen ese problema. O sea, muchas son asintomáticas, tienen la alteración del ritmo y no lo saben, por lo cual no se tratan y al no tratarse no pueden prevenir todas las cosas dañinas que trae.»

El método más simple para detectar una alteración en el ritmo cardíaco es tomarse el pulso, destaca el cardiólogo: «Reconocer si el ritmo es regular -o no- es algo que cualquiera puede aprender, en la casa, con los hijos, con los padres. Si se siente una alteración en la cadencia, hay que consultar al médico para confirmarlo con un electrocardiograma. Hoy también ayudan los relojes inteligentes y otros dispositivos portátiles, que ya empiezan a detectar alteraciones con bastante precisión».

Esto es especialmente importante a partir de los 50-60 años, sostiene Aguinaga. «Y mucho más si se tienen condiciones como presión alta, diabetes, colesterol, obesidad, si se es sedentario y/o fumador, ya que la prevalencia aumenta y también se incrementa con la edad: después de los 80 años el 10% tiene esta arritmia.»

El subdiagnóstico no es el único motivo de preocupación. «El problema no es solo que hay gente que tiene el problema y no lo sabe, sino también los que aún conociendo su diagnóstico no están bien tratados«, plantea.

«El medicamento que ha cambiado la historia de esta enfermedad es el anticoagulante. Ya hay estudios con miles y miles de pacientes que han mostrado que anticoagular (tomar una pastillita todos los días) reduce drásticamente el riesgo de ACV, infarto, falla cardíaca y mejora la sobrevida. Sin embargo, muchos no están anticoagulados como corresponde.»

Para los casos más complejos, la alternativa es el intervencionismo. «Aquellos que no se controlan con un medicamento antiarrítmico además del anticoagulante, que tienen muchos episodios, que su corazón se está agrandando debido a la arritmia, que ya hacen una insuficiencia cardíaca, tienen indicación de ir más allá del tratamiento farmacólogico«.

Esos casos son candidatos a la ablación: «Entramos por una vena de la pierna para llegar al corazón y eliminamos con calor o frío los focos de arritmia. Y ahora está disponible una nueva tecnología, la ablación por campo pulsado, con muy buenos resultados en pacientes difíciles».

Respecto de la asociación de la FA con las alteraciones tiroideas, el mecanismo no está claro, respondió Aguinaga. Pueden darse distintos escenarios: que el hipotiroidismo o hipertiroidismo no tratados desencadenen arritmias; que ciertos fármacos antiarrítmicos afecten la tiroides; o que simplemente no haya una causalidad directa, sino simplemente condiciones que coexisten.

Cómo tomarse el pulso

Se puede hacer en el cuello (carotídeo) o en la muñeca (radial), con el índice y el dedo medio. Lo importante no es tanto contar la frecuencia, sino reconocer si el ritmo es regular (ta-ta-ta-ta) o no (ta-ta-tata-ta). Si aparece un latido antes, después o con pausas irregulares, ya es motivo para consultar, concluyó Aguinaga.

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